Lawrence, MA: Ciudad de los Condenados

Revelaciones subsecuentes generaron preguntas sobre la relación entre Pena y Lantigua, pues mientras el controversial intercambio de automóviles estaba en marcha, Pena donó $200 a los fondos de campaña de Lantigua y en febrero del año pasado, la empresa de Pena, Santo Domingo Motors, fue uno de los patrocinadores de una fiesta de cumpleaños/ evento para recaudar fondos para el alcalde, los boletos de admisión tenían un costo de hasta $100.

Lantigua también está bajo investigación federal, según reportes de la prensa, por enviar vehículos personales y municipales a la Republica Dominicana, incluyendo un camión de recolector de basura, vehículos de policía clandestinos, y un autobús de transporte escolar. Los problemas de Lantigua no sólo han generado quejas, sino además un determinado esfuerzo de destitución electoral. Parados en la esquina de las calles South Broadway e Andover, unos voluntarios, todos latinos, alzan letreros en inglés y español, pidiéndole a la gente firmar una petición para la remoción del cargo de Lantigua. Josué Hernández de 24 años se agacha al vidrio de un carro, usando una app de su celular para determinar si la persona que quiere firmar la petición está registrada para votar en Lawrence. El verano pasado, también hubo otro esfuerzo de destitución que falló cuando la ciudad indicó que muchas de las firmas recabadas no pertenecían a votantes registrados. Los organizadores sospecharon sabotaje. Ahora, Hernández y sus colegas deben conseguir las firmas de 5,382 votantes registrados en Lawrence—un 15% del número de personas que votaron en las elecciones anteriores—para forzar una elección especial. Tienen 30 días de hacerlo, y en los primeros tres días han recaudado más de 500 firmas.

La crítica pública de Hernández en contra del alcalde puede tener repercusiones—sus antecedentes penales, incluso previos arrestos por robo a mano armada, asalto y más, fueron publicados en una página de Facebook pro-Lantigua, la información proviniendo de páginas originalmente impresas de una computadora oficial del policía (Romero, jefe de policía, abrió una investigación de inmediato que aun continúa, para ver quien lo hizo). Desde su puesto en la esquina, Hernández me enseña un video de YouTube de Lantigua enfrentando a una Marcha de la Paz que tuvo lugar en julio del año pasado. En el video, los residentes están tratando de entablar una conversación con Lantigua que continuamente señala al suelo con ira—implicando que los críticos pueden besar sus pies. Finalmente, un aliado político que está a su lado lo toma del brazo y lo detiene. “Es una marcha de la paz”, dice Hernández, “y aquí está portándose como matón”.

CASI 13,000 NIÑOS asisten a las problemáticas escuelas públicas de Lawrence. Los últimos tres superintendentes fueron despedidos, incluyendo el mas reciente, Wilfredo Laboy, que está actualmente bajo acusación criminal y esperando un juicio. El otoño pasado, el estado declaró que Lawrence era un sistema “de bajo rendimiento crónico”, y por primera vez en la historia de Massachusetts, el estado se apoderó de un distrito entero, esencialmente diciendo que la ciudad no es suficientemente competente para manejar sus propias escuelas.

El departamento de educación completó su crítica del distrito en otoño del año pasado. Entre las razones por la toma de poder están: la tasa de deserción escolar que se encuentra tres veces por encima del promedio estatal; la tasa de graduación de los estudiantes que cursan nivel medio superior que está por debajo del 50%; un patrón de “comportamiento poco respetuoso e intimidante” exhibido por los miembros del comité escolar; los bajos rendimientos en matemáticas en todo el sistema escolar; una aptitud para el idioma ingles que está entre el 1% más bajo de todos los distritos escolares de Massachusetts; un ausentismo crónico; y una tasa de suspensiones disciplinarias dentro de la escuela que está tres veces mas alta que el promedio estatal. En una ciudad donde el cuerpo estudiantil es un 90% hispano o latino, las escuelas están escasas de maestros calificados para enseñar el idioma inglés como segunda lengua.

En las escuelas los problemas son difíciles de exagerar. En otoño del año pasado, un maestro de secundaria encontró a sus estudiantes amontonados al fondo del salón de clases, dice la abogada Linda Harvey, que representa al maestro. “Tiene cuchillo”, dijo un estudiante, señalando a un chico que traía una navaja de cuatro pulgadas. El maestro corrió a la puerta del salón y grito para que viniera un guardia para sacar al chico. El maestro avisó al guardia que llamara a la policía y a una ambulancia. 90 minutos después, el alumno volvió a clase sin cuchillo, dice Harvey. Ni el policía ni una ambulancia fueron llamados, dice Harvey, especulando que la incidencia no se reportó “para que la escuela saque una tasa mas baja de suspensiones e intervención policiaca”.