Lawrence, MA: Ciudad de los Condenados

Harvey destaca que el maestro después descubrió que no se realizó ni un informe acerca del accidente, ni un castigo. Al respecto, la abogada declara que “es el sentimiento de desesperanza sobre el futuro. Estos maestros esperan que el nuevo recibidor”—Jeffrey Riley, quien fungió anteriormente como el jefe del departamento de innovaciones del sistema de escuelas publicas de Boston y recibió el nombramiento a mitad de enero—“hable con ellos porque ya hace años que no se les escucha, y son ellos quienes están en las líneas frontales”. Francis McLaughlin, 56 años, presidente de la Unión de Maestros de Lawrence, tiene 32 años como maestro de informática e historia en la preparatoria de Lawrence. “Hemos fallado a los niños. No es una ciudad segura”, dice. “Los niños no pueden aprender si no se sienten seguros. Los maestros no podemos enseñarles si no nos sentimos seguros”.

McLaughlin dice que para el distrito los estudiantes no son una prioridad. “Por mucho tiempo han manejado el sistema escolar para el beneficio de ciertos individuos”, declara. “El problema recae en la política y una administración corrupta. No son solamente los últimos años que sucede esto—son los últimos 10 años. Espero que se haga justicia”.

Mientras habla, McLauglin tiene que estirar el cuello para ver por encima de las pilas de informes y artículos sobre el juicio inminente del superintendente anterior, Wilfredo Laboy, que se encuentran sobre su escritorio. En marzo de 2010, Laboy fue acusado de ocho cargos de fraude y desfalco y un cargo de posesión ilegal de alcohol mientras estaba en propiedad escolar. Al mismo tiempo, su brazo derecho, Mark Rivera, fue acusado de usar los diseñadores gráficos y las impresoras del departamento escolar para crear folletos y otra literatura para una campaña política.

Después de varias solicitudes, me es permitido visitar las escuelas públicas. Ubicada en South Lawrence, la sede de la preparatoria de Lawrence se construyó hace cinco años y es una estructura vasta e imponente. La escuela emplea a 10 agentes de seguridad uniformados. Un capitán de policía, un detective, y dos guardias están estacionados ahí, pero al mismo tiempo también están a cargo de las otras 27 escuelas del distrito.

Lawrence es parte de las ciudades de Massachusetts que conforman el tercio superior en cuanto a gasto por alumnos—destacan los suburbios exclusivos de Westwood, Sharon y Cohasset—no obstante, su éxito ha sido elusivo. Durante mi visita a las escuelas veo que hay algunos alumnos y maestros que se desempeñan bien en su trabajo, pero al pasar por otra sala, veo un niño sentado en la primera fila leyendo un periódico mientras sus compañeros de clase están ocupados trabajando la solución a un problema de matemáticas. Luego me asusta ver un niño flaco con sudadera negra enfrentarse con un agente de seguridad delante de un grupo de adultos. “Estas hablando puras tonteras”, dice el niño al agente. “¿Que harás si hago correr tu sangre?”

A la hora de comer, me junto con tres chicas dominicanas de 16 años mientras envían mensajes de texto a sus amigos y hablan del rumor de que una vez que tome poder el estado, el día escolar se extenderá hasta las 4pm. Aunque suene bien, una de las niñas está escéptica. “Más alumnos desertarán la escuela”, dice.