Lawrence, MA: Ciudad de los Condenados

El padre Paul O’Brien, pastor de la iglesia de San Patricio, está dispuesto a luchar en contra de la corrupción, pero espera que su voz no sea la única en esto.

NORMALMENTE SERÍA UN EVENTO FESTIVO, sin embargo, este año la inauguración del concilio de la ciudad y el comité escolar de Lawrence fue un momento sombrío, casi fúnebre. El padre Paul O’Brien, pastor de la iglesia de San Patricio, la cual está ubicada en South Lawrence, tomó el podio en la preparatoria de Lawrence y ofreció una oración. “Vivimos en una comunidad poco segura. Todos lo sabemos”. Una figura alta e imponente en su vestimenta del clérigo, O’Brien fija su mirada justo en la dirección de los funcionarios electos—un grupo que incluye al alcalde William Lantigua. “Oremos por aquellos que se encargan de nuestra seguridad pública; y para que nuestros funcionarios electos posean un mejor entendimiento de la necesidad de permanecer alejados de la corrupción”.

Es un momento duro en la ciudad más pobre del estado. El alcalde enfrenta una investigación por irregularidades y comportamiento cuestionable tanto a nivel estatal como federal, por lo que un abogado designado por el estado está a cargo del presupuesto municipal de la ciudad. El sistema escolar público de Lawrence está siendo administrado bajo una encargaduría, ya que el antiguo superintendente escolar, Wilfredo Laboy, está bajo acusación penal por fraude y malversación de fondos. Además, la tasa de deserción escolar se sitúa por arriba del 50%.

Por otro lado, los recortes presupuestarios a la seguridad pública han sido drásticos lo que se ha visto reflejado en la incidencia de delitos graves que se han disparado de 1,777 en 2009 a 2,597 durante los primeros 11 meses del año 2011. La tasa de desempleo es del 18%, un porcentaje muy alto comparado con el promedio estatal del 7%. Con una población de 76,000 personas residiendo en un área de tan solo 6.93 millas cuadradas, el crimen violento ha ido aumentando, y el sistema escolar público se considera como el peor del estado. Esta ciudad que antes se conocía como “la ciudad de los inmigrantes” se ha convertido en una lección de cómo echar a perder las cosas.

El padre O’Brien vuelve a mirar al público. “Oremos para que encarnemos la verdad”, dice, “que no nos dejemos intimidar por la corrupción”.

Momentos más tarde en una conversación con O’Brien, le menciono que su oración parecía a algo que había dicho Karl Maiden, el actor que representó el papel del cura en la película, On the Waterfront (1954). “En un lugar como Lawrence,” contesta el padre, mientras se abrocha el saco negro parado en las escaleras principales de la escuela preparatoria, “o estas del lado de la obscuridad, o estas del lado de la luz”.

EN 1845, Abbot Lawrence y su hermano Amos recaudaron un millón de dólares para crear una sociedad de cartera llamada The Boston Associates y comprar siete millas cuadradas de tierra por ambos lados del río Merrimack. Abbot Lawrence luego contrató al ingeniero Charles S. Storrow, quien diseñó el plan de una ciudad industrial que produciría textiles para el mundo. Tan sólo el molino “Ayer Mill” estaba equipado con 400 telares, 44,732 husos, y nueve calderas de vapor gigantescas cada una con 600 caballos de fuerza. Dicho equipo era operado por trabajadores de descendencia Italiana, Polaca, Lituana, Siria, Irlandesa, Inglesa, Alemana, Canadiense-francesa, y Portuguesa.

Los inmigrantes de Puerto Rico y la República Dominica comenzaron a llegar a Lawrence a mitad del siglo XX, justo cuando la industria textil empezó a mudarse hacia el sur debido a los reducidos costos de la fuerza laboral. Desde entonces, la ciudad ha tenido dificultad para remplazar los empleos perdidos, y durante las últimas cuatro décadas, la mayoría de los residentes de Lawrence, de los cuales aproximadamente el 74% son latinos, están luchando para sobrevivir. Entre 1979-2010, la ciudad registró una reducción del ingreso promedio familiar mayor al 20%, posicionándose en $31,631 dólares, el nivel más bajo del estado.(En comparación, el ingreso familiar promedio de Holyoke se ubica en $31,948 dólares, mientras que en Springfield asciende a $34,628 dólares, y en Chelsea se posiciona en $40,487dólares). Durante los últimos cinco años, el valor promedio de las residencias unifamiliares disminuyó más del 18% ubicándose en $221,800 dólares, cantidad que se encuentra en segundo lugar en comparación con la pérdida del 20.3% sufrida en Peabody durante el mismo período. El año pasado, en el mordaz resumen anual del distrito, el departamento de educación de Massachusetts puntualizó que el 23.8% de los 12,800 alumnos que asisten a las escuelas públicas de Lawrence son menos competentes en sus clases de inglés.

Photos par Matt Kalinowski

Orlando Rosario, Conductor de grúas conoce las calles de Lawrence—sobre todo las más sórdidas—mejor que nadie.

SURGE UNA NUEVA ESPERANZA en enero de 2010 cuando William Lantigua tomó protesta como el primer alcalde nacido en la República Dominicana en la historia de Massachusetts. Muchos residentes de Lawrence creían que habían encontrado a su campeón.

La noche que ganó Lantigua, con un 54% de los votos, Luis Medina, voluntario de campaña del candidato, también nacido en la República Dominicana pero criado en Lawrence, estaba entre la multitud de seguidores de Lantigua convocados en su oficina central en la calle Essex. Cuando se enteraron que había ganado Lantigua, “fue un momento de mucha alegría”, dice Medina, que tiene 44 años y trabaja de electricista sindicalizado en Boston. “Algunas personas empezaron a llorar. Los demás estaban saltando de arriba para abajo”.

Pero la luna de miel fue corta. En seguida, Lantigua generó controversia al tratar de mantener su trabajo de representante del estado mientras realizaba sus actividades de alcalde. Además, se peleó con los departamentos de bomberos y policía, dichos desacuerdos se volvieron acrimonias y personales, y culminaron en una declaración de Lantigua indicando que unos agentes de policía habían intentado atropellarlo usando un coche particular. Después de los primeros dos años de su mandato, Lantigua es el objeto de cuatro intentos de destitución electoral y enfrenta una investigación federal por inconsistencias de financiamiento de su campaña.

UN DIA DE FRÍO EXTREMO, manejamos una camioneta rumbo a comprar heroína. El conductor es un señor musculoso vestido con un viejo chaleco de esquiar y no habla mucho. En el asiento de atrás nos acompaña un hombre de peso-medio de aproximadamente 40 años que tiene la nariz de un luchador, aplastada. Ambos hombres parecen traficantes de poca monta, pero en realidad son miembros de un grupo antidrogas que opera en Lawrence y sus alrededores. (Sus identidades permanecerán incógnitas en este artículo debido al riesgo que esto significaría en cuanto a la efectividad y seguridad tanto personal como de la operación). La venta de drogas en la calle y la violencia que resulta de la misma se encuentra en su peor momento en Lawrence, no obstante, los agentes del grupo antidrogas se enfocan en los jugadores claves del área, así como en aquellos proveedores “pesados” de áreas vecinas.

Los agentes encubiertos van a hacer una “compra controlada” en una casa que se ha identificado como una importante fuente de heroína. Cruzamos el puente, giramos a la izquierda y seguimos por la calle South Union hacia un parque que esta vacío, a excepción de un hombre que pasea a su perro y un señor rechoncho, de 40 y pico años, éste último es el informante que hará la compra. El informante se sube a la camioneta y uno de los agentes del grupo antidrogas conlleva una búsqueda al tiempo que hace bromas al encontrar su celular.

“¿Acaso eso es una pistola?”

“Si, pero tengo permiso”, contesta el informante. Todos se ríen. “Hagamos una compra pequeña”, dice otro agente. “Pues quiero saber de donde proviene, para ver quien hace los envíos”.

Momentos después, el informante se baja de la camioneta y camina hacia la casa. Un señor alto vestido con una sudadera lo saluda a la entrada, donde se encuentran los vehículos, y lo lleva a dentro. Pasan cinco minutos. Mientras mas tiempo pase, la probabilidad de que algo malo está pasando va en aumento. De pronto la puerta se abre y el informante brinca desde el porche alejándose de la casa, camina con la cabeza agachada y las manos en los bolsillos. Una vez dentro del automóvil vemos que trae una bolsita que contiene no mas de un gramo de heroína. Es del tamaño de una goma de lápiz.

“Buen paquete, mano”, dice un agente sentado en el asiento de atrás. “Lo corto de un dedo?” El informante niega con la cabeza. “No chingues con dedos. Nomas con pinches ladrillos”.
 Durante la próxima media hora, los agentes del grupo antidrogas me muestran otra docena de casas en la ciudad donde la venta de drogas de alto volumen se lleva a cabo.

“En Lawrence esto se podría hacer todo el día, todos los días”, dice el conductor. “Una casa al día”.

Conocido por pelearse con el alcalde, el jefe de policía de Lawrence, John Romero, ha experimentado cortes drásticos a su equipo durante los últimos dos años.

Sin embargo, no poseen los recursos suficientes para hacerlo. Las restricciones presupuestarias de Lawrence han casi destruido el orden público. En el año fiscal de 2011, Lantigua hizo importantes recortes al número de agentes en el departamento de policía, disminuyendo la fuerza policiaca de 151 a 110 agentes. (Según el jefe de policía, John Romero, posteriormente el número de agentes policiacos ha incrementado hasta posicionarse en 118, gracias a fondos privados.) Después de las reducciones, la incidencia de delitos graves—incluyendo el asesinato, la violación, el robo, el asalto a mano armada, el incendio provocado, y el robo de autos—creció un 23% desde el año pasado.

Mientras tanto, el departamento de “operaciones especiales” del departamento de policía de Lawrence se ha visto especialmente afectado por los recortes presupuestarios. La unidad antinarcóticos, que está constituida por siete agentes civiles veteranos, fue cerrada por Lantigua (quien negó comentarios al respecto) el 1 de julio de 2010, junto con cinco unidades más que se enfocaban en la prevención y atención de pandillas, robos, el robo de autos, el fraude de seguros, la violencia domestica, y la colaboración ciudadana.

Del 1 de julio al 31 de diciembre de 2009, época en la cual las unidades de operaciones especiales tenían equipos completos de 35 agentes, se registró un total de 990 delitos en Lawrence. Durante el mismo período, un año más tarde, y tras los recortes presupuestarios antes señalados, dicha cifra incrementó a 1,410 delitos de esa misma índole.

“La droga, es el principal combustible de la mayoría de los crímenes que suceden en esta ciudad”, según Romero, quien desempeñó sus labores en la Ciudad de Nueva York durante 30 años, antes de volverse jefe de policía en Lawrence en 1999. En este caso especifico, Romero señala entender los recortes conllevados por su equipo. “Lo entiendo—no hay suficientes recursos. Sin embargo, he manifestado ante el concilio [de la ciudad] que necesitan prever lo que podría suceder a futuro”.

Uno de los agentes del grupo antidrogas previamente mencionado indica que los recortes han sido devastadores. “Hemos visto 24 asesinatos en los últimos 30 meses”, dice. “Yo diría que un 80% de estos está relacionado con la droga. La disminución del personal de las unidades especiales ha hecho que la ciudad se retrase unos 15 o 20 años”.

Orlando Rosario conduce una grúa por las calles de Lawrence. Un sólido Falstaff latino con una permanente barba de un día, Rosario tiene mas de una década trabajando en Sheehan’s Towing y conoce a cada tendero, policía, y adicto al crack en toda la ciudad. Mientras maneja, señala a donde alguien llevó su elegante camioneta por el bordillo —una visión poca congruente en este vecindario lleno de carcachas y taxis.

“Mira”, dice. “Esa es una casa de drogas”.

Al pasar en frente de la casa, vemos que una rubia atractiva de unos cuarenta años camina rápido hacia la camioneta y se sube de manera violenta al asiento del conductor. Trae algo en la mano y lo mira casi con cariño. En el asiento del pasajero va un niño chiquito que se había quedado solo en el vehículo.

Rosario señala una casa de drogas tras otra. Al pasar por un restaurante de comida rápida que queda en el cruce de las calles Essex y Broadway, dice, “Aquí es donde van todos los adictos al crack y las prostitutas por las mañanas. Los veras todos los días de 7-9. Es como si fuera su oficina”.

La calle Broadway está parada debido al tráfico entre Essex y Lowell. Poco después, un tipo se nos acerca, hablándole en español a Rosario.

“Es maestro”, dice Rosario. “Y gran traficante de drogas.”

Josué Hernández encabeza un esfuerzo de destitución en contra del alcalde.

NACIDO EN LA REPÚBLICA DOMINICANA, William Lantigua llegó a los estados unidos en 1974 con 19 años de edad y se instaló en Lawrence. Trabajó como técnico en la empresa Schneider Electric en North Andover durante 23 años al tiempo en que se desempeñaba como organizador comunitario y estratega voluntario de campaña en las elecciones locales. En 2002, fue elegido a la Cámara de los Representantes del Estado de Massachusetts por el distrito 16 Essex en Lawrence. Fue reelegido cuatro veces antes de anunciar su candidatura a la alcaldía de Lawrence en 2008. La victoria de Lantigua trajo nueva esperanza a la enorme población latina de la ciudad, ya que se presentó como un ciudadano que había llegado a Lawrence de la República Dominicana en busca de nuevas oportunidades. Un hombre alto y delgado de cabeza afeitada, Lantigua, ahora de 57 años, exhibe cierta torpeza encantadora delante de su público. Sin embargo, su semblante puede volverse frío de un minuto para otro y suele rodearse de una docena de hombres adustos, todos vestidos de trajes sueltos que parecen comprados de la tienda de segunda mano del politburó Ruso.

Lamentablemente para Lawrence, la persona política de Lantigua cambia tan rápido como su genio. En primer lugar, estaba su denegación de dejar el puesto de representante del estado, alegando que podía manejar los dos trabajos de manera simultanea—y ganar dos sueldos. (Por fin, en febrero de 2010, sus colegas en la Cámara lo echaron diciendo que renegarían a Lawrence los $35 millones en fondos de rescate si no renunciara.) Luego, en mayo del año pasado, se dio a conocer que Lantigua y su novia, Lorenza Ortega–que trabaja para la ciudad—aceptaron asistencia federal para pagar las cuentas de calefacción de su condominio. Cabe destacar, que el alcalde recibe un sueldo de mas de $100,000 dólares anuales, por lo que él y Ortega no califican para recibir la subvención de aproximadamente $1,165 dólares anuales que usualmente son destinados para familias de bajos recursos. Debido a lo anterior, Lantigua se molestó cuando los reporteros lo cuestionaron, y alegó no saber nada respecto a dicha ayuda ya que estaba enfocado en asuntos de la ciudad.

Mientras tanto, el alcalde ha prohibido que sus jefes de departamento, incluso los jefes del policía y bomberos, publiquen cualquier información o hagan declaraciones con la prensa sin su permiso previo. Dichas medidas que atentan contra la transparencia son la causa de las vastas relaciones tensas entre Lantigua y los departamentos de seguridad pública. En este sentido, el alcalde ha undulado que los bomberos reciben un sueldo por dormir y ha caracterizado la policía de Lawrence como “intimidantes” y “flojos.” No cabe duda que la actual administración heredó graves problemas presupuestarios del alcalde anterior, Michael Sullivan, sin embargo, la actitud desdeñosa de Lantigua no lo ha ayudado a ganar puntos con la policía o los bomberos.

Por otro lado, el torpe sistema de patrocinios bajo el que opera Lantigua también esta llamando la atención. Un cambio del personal del departamento de policía ha alimentado un circo continuo de acusaciones y recriminaciones, por no hablar de las sospechas de una investigación federal secreta. En enero de 2010, en seguida de su toma de protesta, Lantigua bajó de categoría a Mike Driscoll, jefe alterno del departamento de policía. Driscoll era un veterano que había trabajado 20 años en el departamento y lo remplazó con el sargento Melix Bonilla, quien fue su principal asistente de campaña.

No había pasado mucho tiempo antes de que Bonilla se viera involucrado en su propia controversia. Aproximadamente un año después de su nombramiento como jefe alterno, su hijo, Jamel Bonilla de 17 años, supuestamente usó la pistola de su padre para asaltar una casa residencial (según el periódico Eagle-Tribune, Melix sólo admitió la parte de los cargos enfrentados por Jamel que le permitieran inmunidad de prosecución; Jamel fue acusado y se declaró inocente.) Luego, en abril de 2010, Bonilla mandó un memo al jefe de policía John Romero sugiriendo que el departamento intercambiara ciertos vehículos incautados con un comerciante de automóviles local, Bernardo Pena, que estaba a su vez vinculado con Lantigua. A fin de cuentas, el departamento de policía intercambió 13 vehículos, incluyendo un Lexus, un Cadillac, y un Acura, por cuatro Impalas Chevrolet usados.

Nombrado por el estado, el supervisor fiscal de Lawrence, Roberto Nunes, estimó que la ciudad perdió $36,408 en el intercambio y dijo que violó leyes estatales y federales. (Según el Eagle-Tribune, la oficina del procurador del distrito de Essex County junto con el inspector general del estado siguen investigando el trato y el FBI ha cuestionado personas involucradas en el asunto.)

Revelaciones subsecuentes generaron preguntas sobre la relación entre Pena y Lantigua, pues mientras el controversial intercambio de automóviles estaba en marcha, Pena donó $200 a los fondos de campaña de Lantigua y en febrero del año pasado, la empresa de Pena, Santo Domingo Motors, fue uno de los patrocinadores de una fiesta de cumpleaños/ evento para recaudar fondos para el alcalde, los boletos de admisión tenían un costo de hasta $100.

Lantigua también está bajo investigación federal, según reportes de la prensa, por enviar vehículos personales y municipales a la Republica Dominicana, incluyendo un camión de recolector de basura, vehículos de policía clandestinos, y un autobús de transporte escolar. Los problemas de Lantigua no sólo han generado quejas, sino además un determinado esfuerzo de destitución electoral. Parados en la esquina de las calles South Broadway e Andover, unos voluntarios, todos latinos, alzan letreros en inglés y español, pidiéndole a la gente firmar una petición para la remoción del cargo de Lantigua. Josué Hernández de 24 años se agacha al vidrio de un carro, usando una app de su celular para determinar si la persona que quiere firmar la petición está registrada para votar en Lawrence. El verano pasado, también hubo otro esfuerzo de destitución que falló cuando la ciudad indicó que muchas de las firmas recabadas no pertenecían a votantes registrados. Los organizadores sospecharon sabotaje. Ahora, Hernández y sus colegas deben conseguir las firmas de 5,382 votantes registrados en Lawrence—un 15% del número de personas que votaron en las elecciones anteriores—para forzar una elección especial. Tienen 30 días de hacerlo, y en los primeros tres días han recaudado más de 500 firmas.

La crítica pública de Hernández en contra del alcalde puede tener repercusiones—sus antecedentes penales, incluso previos arrestos por robo a mano armada, asalto y más, fueron publicados en una página de Facebook pro-Lantigua, la información proviniendo de páginas originalmente impresas de una computadora oficial del policía (Romero, jefe de policía, abrió una investigación de inmediato que aun continúa, para ver quien lo hizo). Desde su puesto en la esquina, Hernández me enseña un video de YouTube de Lantigua enfrentando a una Marcha de la Paz que tuvo lugar en julio del año pasado. En el video, los residentes están tratando de entablar una conversación con Lantigua que continuamente señala al suelo con ira—implicando que los críticos pueden besar sus pies. Finalmente, un aliado político que está a su lado lo toma del brazo y lo detiene. “Es una marcha de la paz”, dice Hernández, “y aquí está portándose como matón”.

CASI 13,000 NIÑOS asisten a las problemáticas escuelas públicas de Lawrence. Los últimos tres superintendentes fueron despedidos, incluyendo el mas reciente, Wilfredo Laboy, que está actualmente bajo acusación criminal y esperando un juicio. El otoño pasado, el estado declaró que Lawrence era un sistema “de bajo rendimiento crónico”, y por primera vez en la historia de Massachusetts, el estado se apoderó de un distrito entero, esencialmente diciendo que la ciudad no es suficientemente competente para manejar sus propias escuelas.

El departamento de educación completó su crítica del distrito en otoño del año pasado. Entre las razones por la toma de poder están: la tasa de deserción escolar que se encuentra tres veces por encima del promedio estatal; la tasa de graduación de los estudiantes que cursan nivel medio superior que está por debajo del 50%; un patrón de “comportamiento poco respetuoso e intimidante” exhibido por los miembros del comité escolar; los bajos rendimientos en matemáticas en todo el sistema escolar; una aptitud para el idioma ingles que está entre el 1% más bajo de todos los distritos escolares de Massachusetts; un ausentismo crónico; y una tasa de suspensiones disciplinarias dentro de la escuela que está tres veces mas alta que el promedio estatal. En una ciudad donde el cuerpo estudiantil es un 90% hispano o latino, las escuelas están escasas de maestros calificados para enseñar el idioma inglés como segunda lengua.

En las escuelas los problemas son difíciles de exagerar. En otoño del año pasado, un maestro de secundaria encontró a sus estudiantes amontonados al fondo del salón de clases, dice la abogada Linda Harvey, que representa al maestro. “Tiene cuchillo”, dijo un estudiante, señalando a un chico que traía una navaja de cuatro pulgadas. El maestro corrió a la puerta del salón y grito para que viniera un guardia para sacar al chico. El maestro avisó al guardia que llamara a la policía y a una ambulancia. 90 minutos después, el alumno volvió a clase sin cuchillo, dice Harvey. Ni el policía ni una ambulancia fueron llamados, dice Harvey, especulando que la incidencia no se reportó “para que la escuela saque una tasa mas baja de suspensiones e intervención policiaca”.

Harvey destaca que el maestro después descubrió que no se realizó ni un informe acerca del accidente, ni un castigo. Al respecto, la abogada declara que “es el sentimiento de desesperanza sobre el futuro. Estos maestros esperan que el nuevo recibidor”—Jeffrey Riley, quien fungió anteriormente como el jefe del departamento de innovaciones del sistema de escuelas publicas de Boston y recibió el nombramiento a mitad de enero—“hable con ellos porque ya hace años que no se les escucha, y son ellos quienes están en las líneas frontales”. Francis McLaughlin, 56 años, presidente de la Unión de Maestros de Lawrence, tiene 32 años como maestro de informática e historia en la preparatoria de Lawrence. “Hemos fallado a los niños. No es una ciudad segura”, dice. “Los niños no pueden aprender si no se sienten seguros. Los maestros no podemos enseñarles si no nos sentimos seguros”.

McLaughlin dice que para el distrito los estudiantes no son una prioridad. “Por mucho tiempo han manejado el sistema escolar para el beneficio de ciertos individuos”, declara. “El problema recae en la política y una administración corrupta. No son solamente los últimos años que sucede esto—son los últimos 10 años. Espero que se haga justicia”.

Mientras habla, McLauglin tiene que estirar el cuello para ver por encima de las pilas de informes y artículos sobre el juicio inminente del superintendente anterior, Wilfredo Laboy, que se encuentran sobre su escritorio. En marzo de 2010, Laboy fue acusado de ocho cargos de fraude y desfalco y un cargo de posesión ilegal de alcohol mientras estaba en propiedad escolar. Al mismo tiempo, su brazo derecho, Mark Rivera, fue acusado de usar los diseñadores gráficos y las impresoras del departamento escolar para crear folletos y otra literatura para una campaña política.

Después de varias solicitudes, me es permitido visitar las escuelas públicas. Ubicada en South Lawrence, la sede de la preparatoria de Lawrence se construyó hace cinco años y es una estructura vasta e imponente. La escuela emplea a 10 agentes de seguridad uniformados. Un capitán de policía, un detective, y dos guardias están estacionados ahí, pero al mismo tiempo también están a cargo de las otras 27 escuelas del distrito.

Lawrence es parte de las ciudades de Massachusetts que conforman el tercio superior en cuanto a gasto por alumnos—destacan los suburbios exclusivos de Westwood, Sharon y Cohasset—no obstante, su éxito ha sido elusivo. Durante mi visita a las escuelas veo que hay algunos alumnos y maestros que se desempeñan bien en su trabajo, pero al pasar por otra sala, veo un niño sentado en la primera fila leyendo un periódico mientras sus compañeros de clase están ocupados trabajando la solución a un problema de matemáticas. Luego me asusta ver un niño flaco con sudadera negra enfrentarse con un agente de seguridad delante de un grupo de adultos. “Estas hablando puras tonteras”, dice el niño al agente. “¿Que harás si hago correr tu sangre?”

A la hora de comer, me junto con tres chicas dominicanas de 16 años mientras envían mensajes de texto a sus amigos y hablan del rumor de que una vez que tome poder el estado, el día escolar se extenderá hasta las 4pm. Aunque suene bien, una de las niñas está escéptica. “Más alumnos desertarán la escuela”, dice.

A MITAD DEL MES DE ENERO fracasa el cuarto intento para destituir a Lantigua. Una gran parte de las firmas que el equipo de Hernández consiguió durante el primer fin de semana son descalificadas por Charles Body y William Maloney, procurador de la ciudad y secretario municipal, respectivamente. Los funcionarios determinan que la petición, a pesar de haber sido previamente aprobada por la ciudad como enteramente bilingüe en una de las páginas, señala ahora que hace falta un par de líneas en español por el otro lado. La ciudad remplaza la petición con una que es enteramente bilingüe—pero se niega volver a otorgar el plazo de 30 días permitidos para conseguir firmas. Los voluntarios tienen que empezar de nuevo y sin el tiempo suficiente para lograr su objetivo.

“En ocasiones me siento desanimado, pero la noticia está siendo difundida”, dice Hernández. “Como cristiano, rezo por Lantigua. Se ha vuelto como un dictador”.

Visito la iglesia de San Patricio para hablar con el padre O’Brien que miró a Lantigua de una manera recriminatoria hasta hacer que el alcalde bajara la mirada durante la inauguración de la escuela preparatoria. “Estamos rodeados por la industria de las drogas”, declara O’Brien al tiempo que cuenta cómo es que al pasar por el vecindario Beacon Projects reconoció a dos adolescentes que estaban merodeando en una esquina. O’Brien los saludo y los adolescentes también, cada uno con pistola en mano.

“Las bajaron rápidamente—pues su intención no era amenazarme con las pistolas—pero así de casuales nos hemos vuelto en cuanto a las armas de fuego”, dice O’Brien. “Es como el Salvaje Oeste.”

Source URL: http://www.bostonmagazine.com/2012/04/lawrence-ma-ciudad-de-los-condenados/